26 febrero 2018

improvisación electroacústica


el hombre cabeza de pájaro observa. en la cima del árbol, un gato cubre su propio nido. cae una tormenta.


*

la casa se echó a correr. los objetos volaban dentro. en el camino, ella vomitó a cada uno a sus habitantes .

*

la destrucción meditaba. en la celebración de la victoria, ella era el nombre olvidado.

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la majestuosa, la imprescindible, la de siempre. la tumbona de puertas, tiñe de sangre a los vivos e irrumpe el silencio de los muertos. lleva un vestido en llamas.

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nunca olvidaré el paisaje nocturno (el aliento alcohólico), la piel (el diente, el sonido del golpe de mi cabeza contra el suelo).

*

la deslealtad.



vamos siendo humanas, convinieron las pájaras, las serpientes, las lobas, las hechas de viento y ceniza.



05 febrero 2018

Volver a los textos del desierto y sus portales me recuerda las habitaciones en ruinas y el olor a cerveza Pacífico, la amenaza de los alacranes en la cama o en los zapatos. Las luces durante las caminatas por el Boulevard Encinas. El Colegio. Puro pinche pasado, y locura.

16 octubre 2017

La historia de la alegría está incompleta. ¿Es suficiente congregar noticias de los pequeños logros que cambian la existencia de sus autores?

08 mayo 2017

sujeto todos los hilos
tengo las manos ahujadas
anudado el tiempo

24 abril 2017



a medio mar hay que navegar el cuerpo
en este barco de brazos como remos
el corazón se transforma en una brújula infalible

aquí aves se clavan en el espejo líquido
peces se hunden por segundos en el viento
los seres abisales sobreviven alejados de la superficie

de noche puedo ver los ojos de los dioses
escuchar su murmullo indescifrable
quise siempre saber qué más allá





22 febrero 2017

antes de alcanzar el mar había que escucharnos el corazón
nombrar sus naufragios y amaneceres donde la vida
llorar sus muertes
tantas ya a esta hora

09 febrero 2017

él también renace
canto precioso
serpiente de agua           
palabra trueno
lengua bordadora de cuerpo y tiempo


                               






A media montaña estaba mi corazón.
También el suyo.

Su respiración me anida. Manglar
espacio intersticial donde florezco
salada y dulce,
marina,
lacustre,
lluvia.
Tras el ascenso estaba otra vez el mar.

Un mar, amor, de costa inexplorada:
de serenidad su voz. Sin pausa.