19 de abril de 2016

Pasar al centro del escenario de la propia vida implica una locura distinta en la dirección habitual, donde la Locura ha estado a cargo. En ese sitio, una puede desnudarse con tranquilidad y bailar, la risa y el silencio profundo toman turnos. Una puede colgar las imágenes y las puertas que le de la gana. También borrarlas. Una se apodera del guion y precisa creatividad para pulirlo. Emoción.

Hay algo diferente en saltar como niña o joven y hacerlo como mujer. Las piernas, los brazos, el abdomen, los ojos, el culo, todo el cuerpo en sincronía con la vida despiertan una animala cubierta de pelos cuya voz apaga y enciende luces. Crea otro escenario, incluso cierra el telón y desaparece en el monte:

Escucho el viento mientras corro libre sobre un territorio ilimitado.

13 de abril de 2016


Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

"Los espíritus de la muerte",
Edgar Allan Poe 


La primera vez que la vi se asomaba como sombra por la ventana del patio. Yo intentaba completar una lectura cuando sentí que una mirada se clavaba en mi espalda. Alcancé a verla de reojo, ella tenía el cabello muy largo y revuelto. Afuera había una tormenta. En el cielo hubo un gran trueno y se fue la luz. En un parpadeo se esfumó.

Cuando estudio mantengo una vela encendida, así que no hubo oscuridad del todo; pero sí, otro tipo de silencio. Avanzó la noche hasta volverse madrugada y entonces escuché un sonido en la habitación del segundo piso. ¿Cómo es que te has metido?, pensé y me dio risa. Subí despacio y sentí que bajaba la temperatura. Un hilo de pánico me recorrió el cuerpo en ese tránsito, sin embargo tenía que subir para despejar mis dudas.

Abrí la puerta de la habitación y la encontré sentada. Su cabello estaba mojado y su vestido lleno de lodo. Ella también temblaba, pero de frío. Me quedé en la puerta con la vela en la mano y no me acerqué. Estábamos mudas. Un gran sentimiento de compasión hacia esa mujer me sostuvo delante de ella. La observé durante unos minutos y levantó la mirada más triste que he visto. Tenía los ojos cansados de llorar, muy rojitos, y la piel opaca.

Descansa, le dije. No voy a acercarme, puedes pasar aquí la noche y quedarte el tiempo que necesites. No te voy a hablar en adelante. No me hables. No me distraigas. De un lugar profundo logré sacar mi voz y di forma a las palabras para establecer límites de convivencia con esa mujer en este espacio de bordes imaginarios. Desde ese día, comencé a quemar salvia por las tardes.

A veces sube y baja por la escalera o se queda junto a la ventana que da a la calle donde juegan los niños. Lo sé porque mi gato se queda viendo fijamente la nada justo después de algún crujido. Yo me hago que no la escucho y mantengo limpio el cuarto de visitas. He llegado a pensar que es el espíritu del bosque que hubo una vez aquí o de la tierra o mi propia numen que andaba perdida o todas ellas en una.

Es cada vez más traslúcida y lleva el cabello suelto, las telas de su vestido lucen limpias de nuevo. Está un poco menos aquí, cada vez menos. Cruza despacio hacia su propio mundo. ¿Cuál? El de los espíritus que conservan su propia belleza aún en la oscuridad o el extravío.

12 de abril de 2016

6 de abril de 2016





















































5 de abril de 2016

No, definitivamente no puedo horadar los huevos de un tipo que tiene una mujer escondida debajo de la cama, otra en el clóset, una más en la alacena y otra, que es mi amiga, y que quiero pensar no sabe que estoy en la sala, tocando a la puerta. ¿Está de moda que sean unos miserables y que me salgan con que son poliamorosos, que me actualice? No. Eso se llama violencia de género, ocultar información y decidir por una. Manipular una escena y ya me la sé. ¿Por qué tienen la necesidad de alimentarse de la energía de las mujeres? ¿Es la única manera que han encontrado de ocultar su miedo e inseguridad? ¿La imposibilidad de reconocer su fuerza en el mundo? No señores de la vileza, no. Ningunos huevos son para horadar ni son el centro de la existencia. Así, en corto reproducen la violencia que vivimos en este país y la dictadura, se llama micropolítica y las relaciones asimétricas de poder se reproducen y producen en la vida cotidiana.

Si tenemos la posibilidad de crear una otra cultura amorosa basada en la libertad, ¿para qué querría una participar en la continuidad de prácticas insalubres que desconocen nuestra capacidad de agencia y nos niegan?

Esta es mi respuesta póstuma.