19 de abril de 2016

Pasar al centro del escenario de la propia vida implica una locura distinta en la dirección habitual, donde la Locura ha estado a cargo. En ese sitio, una puede desnudarse con tranquilidad y bailar, la risa y el silencio profundo toman turnos. Una puede colgar las imágenes y las puertas que le de la gana. También borrarlas. Una se apodera del guion y precisa creatividad para pulirlo. Emoción.

Hay algo diferente en saltar como niña o joven y hacerlo como mujer. Las piernas, los brazos, el abdomen, los ojos, el culo, todo el cuerpo en sincronía con la vida despiertan una animala cubierta de pelos cuya voz apaga y enciende luces. Crea otro escenario, incluso cierra el telón y desaparece en el monte:

Escucho el viento mientras corro libre sobre un territorio ilimitado.