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19 de agosto de 2016

El presente es un sitio extraño. Y a cierta gente le provoca risa o disgusto la foto de una mujer que retrata sus propios pies. Ese gesto maravilloso de autodescubrimiento. Lo mismo sucede con las que dan cuenta de las manos o los ojos. Un registro libre del propio cuerpo, ese territorio desconocido, es una huella de una larga trayectoria de reconocimiento y poder. Querides críticos, mis muy querides.

23 de mayo de 2016

Hoy hicimos la mudanza de las cosas de mi madre a su nueva casa mientras está de vacaciones en su pueblo. Me dijeron que se levantó a las 4:30 am para salir con sus primos a pasear una escultura de bulto de la Santísima Trinidad. Mi hermana pequeña se trasladó desde el DF hasta el pueblo de Janamuato para compartir la experiencia con ella. Acompañadas de la banda del pueblo y los mil parientes que aparecen durante este fin de semana, recorrienron todas las calles con veladoras, danzas y un puño de oraciones. El sueño se le ha cumplido, después de 60 años volvió a la Fiesta. Acá en Tijuana, mis hermanas y yo nos dedicamos sábado y domingo a empacar sus cosas y a trasladarlas a este espacio por estrenar.

También diré que nos dedicamos a seleccionar lo necesario, lo útil, lo memorable y la mitad de las cosas terminaron en el basurero. (Eso pasa cuando abres la puerta de tu casa a los extraños, vienen y crean una nueva narrativa con tus objetos). Encontramos una colección de absurdos, cajas con mensajes de galletas chinas, restos de paredes de casas incendiadas o demolidas y algunos secretos que no me hacen falta: la lista es larga de lo fantástico en cada rincón ajeno. Hablamos durante algunos momentos, hicimos limpia y edición de nuestra historia familiar. Harto mugrero, algunas recuperaciones valiosas que nos hicieron reir y entrar en silencio para seguir empacando. Después aparecieron mi cuñada, mi cuñado y nuestro primo querido. Hoy dejamos la casa de las abuelas y los hermanos de mi madre, finalmente. Esta noche llegué a terminar de instalar el piso nuevo y a escuchar música en mi propia cueva. Sepa qué sigue, este año ha sido de cerrar puertas por fuera y tirar la llave.

Prefiero escribir que anoche volví a soñar con ballenas en Rosarito, que se acercaban a la costa profunda mientras las observo desde un altísimo acantilado. Esta vez el mar se mecía como un lago tranquilo y yo las podía ver recorrerlo lentamente en un acuario transparente, pero la arena era roja y el hombre de las tormentas y los vientos andaba por ahí, perdido en las escalinatas de piedra tratando de recuperar la mochila donde tenía guardada la cámara. Yo permanecí concentrada en el desplazamiento de estos seres ancestrales que han aparecido en mis sueños durante las últimas semanas y a ratos me ha parecido que escuché sus cantos.

Estoy agotada, estos meses de estar en casa he resuelto cosas postergadas durante años. Aún no termino de vaciar la última de las habitaciones. He perdido peso, mucho. Me veo en el espejo y comienzo a reconocerme o a recuperarme. A veces me doy miedo, tengo mirada de animales y de tiempos.


19 de mayo de 2016

Otro descubrimiento que aparece cuando una se libera de los enojos y la ira, es que el amor es una huella indeleble. Una extensa colección de gestos de belleza se recuperan y en la memoria la persona deviene nomás persona sonriente, con su mirada de luz otra vez, sin juicios ni condenas. Dan ganas de verle y decirle gracias, de abrazarle como sobrevivientes que se encuentran después de un naufragio o una quemazón. El camino de aprendizaje es larguito, en realidad son varias las rutas que han de transitarse antes de esta experiencia. Pierde una peso y suda mucho limpiando los órganos donde la frustración, el dolor o la pena se habían instalado. Luego, todo se vuelve simple. Se comienza a olvidar y se abre el horizonte. Sin embargo, no hay manuales; lo que hay, son puras anécdotas, algunas canciones y muchos cuentos.


17 de mayo de 2016

Se me acabaron la ira y el deseo de venganza. Observo la capacidad que he tenido para tejer un gran enredo mental. Sin ello, un gran espacio se abre para ocuparme de mi propia existencia. Cultivo con fervor el silencio y las telarañas que me han habitado comienzan a extinguirse. La soledad es un lugar habitable, un nido cálido para la creación de mí misma. El ruido del mundo se adelgaza y parece distante, ¡cuántas horas dediqué escuchar sus gritos hasta incorporarlos! La ceguera espiritual conduce a un abismo ocupado por actos de crueldad impronunciables esparcidos en el ánima de mi generación. Hay algo aquí que se mantiene vivo y logra trascender el dolor de tanta muerte. Pero, ninguna de las rutas conocidas es la mía. Busco en mi trayectoria evidencias de gozo y felicidad profunda, esos instantes suficientes para el andar contínuo son una recuperación. Estoy hecha de esas relaciones; también, de las que empiezan a borrarse. En ocasiones sus huellas encienden los órganos de mi cuerpo y recuerdo. Sus imágenes producen sensaciones y alguna emoción despierta transformada. Es posible salir de la prisión que aprende una a construir a través de la institucionalización, son precisos actos de fe cotidiana, dar pasos hacia nuevos ambientes y saber recibir. ¡Cuántas personas libres he conocido en estos meses! ¡Cuánta vida he presenciado en gestos de amor tan pequeños! He aprendido a renunciar a tantas cosas que no me pertenecen. Encuentro alegría, paz y aliento vital en cosas simples como la tierra, la lluvia, el mar, el viento o el andar en bicicleta.

19 de abril de 2016

Pasar al centro del escenario de la propia vida implica una locura distinta en la dirección habitual, donde la Locura ha estado a cargo. En ese sitio, una puede desnudarse con tranquilidad y bailar, la risa y el silencio profundo toman turnos. Una puede colgar las imágenes y las puertas que le de la gana. También borrarlas. Una se apodera del guion y precisa creatividad para pulirlo. Emoción.

Hay algo diferente en saltar como niña o joven y hacerlo como mujer. Las piernas, los brazos, el abdomen, los ojos, el culo, todo el cuerpo en sincronía con la vida despiertan una animala cubierta de pelos cuya voz apaga y enciende luces. Crea otro escenario, incluso cierra el telón y desaparece en el monte:

Escucho el viento mientras corro libre sobre un territorio ilimitado.

13 de abril de 2016


Sobre las altas copas de los árboles
Tiende el misterio su cerrada túnica.

"Los espíritus de la muerte",
Edgar Allan Poe 


La primera vez que la vi se asomaba como sombra por la ventana del patio. Yo intentaba completar una lectura cuando sentí que una mirada se clavaba en mi espalda. Alcancé a verla de reojo, ella tenía el cabello muy largo y revuelto. Afuera había una tormenta. En el cielo hubo un gran trueno y se fue la luz. En un parpadeo se esfumó.

Cuando estudio mantengo una vela encendida, así que no hubo oscuridad del todo; pero sí, otro tipo de silencio. Avanzó la noche hasta volverse madrugada y entonces escuché un sonido en la habitación del segundo piso. ¿Cómo es que te has metido?, pensé y me dio risa. Subí despacio y sentí que bajaba la temperatura. Un hilo de pánico me recorrió el cuerpo en ese tránsito, sin embargo tenía que subir para despejar mis dudas.

Abrí la puerta de la habitación y la encontré sentada. Su cabello estaba mojado y su vestido lleno de lodo. Ella también temblaba, pero de frío. Me quedé en la puerta con la vela en la mano y no me acerqué. Estábamos mudas. Un gran sentimiento de compasión hacia esa mujer me sostuvo delante de ella. La observé durante unos minutos y levantó la mirada más triste que he visto. Tenía los ojos cansados de llorar, muy rojitos, y la piel opaca.

Descansa, le dije. No voy a acercarme, puedes pasar aquí la noche y quedarte el tiempo que necesites. No te voy a hablar en adelante. No me hables. No me distraigas. De un lugar profundo logré sacar mi voz y di forma a las palabras para establecer límites de convivencia con esa mujer en este espacio de bordes imaginarios. Desde ese día, comencé a quemar salvia por las tardes.

A veces sube y baja por la escalera o se queda junto a la ventana que da a la calle donde juegan los niños. Lo sé porque mi gato se queda viendo fijamente la nada justo después de algún crujido. Yo me hago que no la escucho y mantengo limpio el cuarto de visitas. He llegado a pensar que es el espíritu del bosque que hubo una vez aquí o de la tierra o mi propia numen que andaba perdida o todas ellas en una.

Es cada vez más traslúcida y lleva el cabello suelto, las telas de su vestido lucen limpias de nuevo. Está un poco menos aquí, cada vez menos. Cruza despacio hacia su propio mundo. ¿Cuál? El de los espíritus que conservan su propia belleza aún en la oscuridad o el extravío.

5 de abril de 2016

No, definitivamente no puedo horadar los huevos de un tipo que tiene una mujer escondida debajo de la cama, otra en el clóset, una más en la alacena y otra, que es mi amiga, y que quiero pensar no sabe que estoy en la sala, tocando a la puerta. ¿Está de moda que sean unos miserables y que me salgan con que son poliamorosos, que me actualice? No. Eso se llama violencia de género, ocultar información y decidir por una. Manipular una escena y ya me la sé. ¿Por qué tienen la necesidad de alimentarse de la energía de las mujeres? ¿Es la única manera que han encontrado de ocultar su miedo e inseguridad? ¿La imposibilidad de reconocer su fuerza en el mundo? No señores de la vileza, no. Ningunos huevos son para horadar ni son el centro de la existencia. Así, en corto reproducen la violencia que vivimos en este país y la dictadura, se llama micropolítica y las relaciones asimétricas de poder se reproducen y producen en la vida cotidiana.

Si tenemos la posibilidad de crear una otra cultura amorosa basada en la libertad, ¿para qué querría una participar en la continuidad de prácticas insalubres que desconocen nuestra capacidad de agencia y nos niegan?

Esta es mi respuesta póstuma.

31 de marzo de 2016

El instructor es realmente atractivo… y lo es por su lengua. Es un cazador de estados de conciencia: se monta en la bicicleta con gusto o camina por el salón en atención al desconocimiento que tenemos de nuestros propios cuerpos. Hay algo salvaje en él, que relaciono con su capacidad de observación y su agilidad para tomar decisiones ante lo imprevisto. 

Sus apuntes sobre nuestra forma de relacionarnos con la máquina indican nuestra posición variante y asumida de objetos. Es decir, al inicio actuamos como si la bicicleta tuviese ánima y poder sobre nosotros, sobre nuestro temor a aprender a manejar la resistencia y los pedales, a mantener el equilibrio, la cadencia y la respiración, a esa posibilidad de conectar la intención, el pensamiento y el hacer, todo en armonía respondiéndonos, que es una acción posible para un mismo cuerpo humano.

Un día descubrió que no nos veíamos al espejo durante la práctica. Eso modificó muchas cosas. Veíamos el piso, los zapatos, el techo, a la persona de enfrente, pero no a nosotros. Yo entré en shock cuando vi mi imagen y tarde varios días en aceptarla. Reconocer la fuerza de mis piernas y el desequilibrio de mi espalda, mi gesto de fruncido y la dificultad de expresar el gozo que me producía sentirme volando en la música se volvieron una dinámica novedosa. Había una fuerza interna llena de vivacidad que se incrementaba cada semana. Algo semejante ocurrió en mis acompañantes, el salón siempre está abarrotado. La recomendación de vernos en el espejo sacudió nuestra confianza.

La experiencia colectiva de sincronizarnos energéticamente a través del ejercicio físico es un reto muy grande para un instructor. Cuando sucede, un algo se despierta dentro de nosotros y tiene lugar una especie de comunicación no verbal. Los que están dormidos, despiertan. Los que van adelante cobran potencia y logran dominarse a sí mismos, lo más relevante es reconocer que somos  nosotros quienes dominamos la bicicleta. A un ritmo personal todos aprenden, pero implica voluntad y constancia. Al darnos cuenta de que la máquina no Es o que no está animada, se abre la posibilidad de descubrir que nuestra condición de objeto es una apariencia inscrita finamente en nuestra psique y cuerpo. Más no sé si todos los participantes frecuentes tengan conciencia de ello.

Cuando eso sucede, aparece el animal que llevamos dentro: con todos sus huesos, músculos, sudores, gases, lágrimas, saliva, mocos y gritos (algunas personas aullamos y gruñimos durante la práctica). Y la mirada cambia, anuncia un estado de conciencia alterado. Sí. Montarte en la bici produce eso. Descubres algo dentro de ti de lo que no tenías conocimiento. El corazón palpita tan fuerte, la piel se enciende en llamas y el sudor se evapora o cae hasta el suelo. Los cuerpos humean sudor, es un fenómeno muy particular, y el calor de todo el espacio se fusiona con el propio. Experimentas algo que sólo tú, ese ser que está vivo.

Creo que el hombre salvaje existe, y no se parece a los hombres que viven pensando que sus huevos son el centro del universo a los que hay que homenajear. Los hombres salvajes también aprenden a confiar en sí mismos, a escuchar su propia voz, a alimentar su coraje y su fuerza para reconocer quiénes son y qué cosas hay que podar. Son cazadores de su propia sombra y de su miedo. Han aprendido a establecer sus propios objetivos, a guiarse en el mundo desde su centro y a ser con generosidad. Son amorosos realmente, de una manera libre. Al mismo tiempo, tienen la fuerza para poner límites o deshacer lo impreciso, saben expresar su cariño y su crítica honesta, también se dan permiso de equivocarse y apostar por su transformación con la ayuda de otras personas. Saben andar en grupo, pero no joden imponiendo su punto de vista.

Tengo la fortuna de conocer a varios hombres así y todos son sanadores, tal vez algunos sin saberlo. Pero lo son. Uno de ellos sana con el silencio y la meditación, con la gentileza del movimiento corporal en un tiempo lento (contracultural): otro, sana con sus palabras y con el temazcal (fuego, agua, piedra y viento, poesía); uno más, con sus plantas medicina y la música de un violín frente al fuego y debajo de la noche (teatralidad); hay uno que es musiconauta y alivia con la vibración del sonido o con el silencio; y otros, ya son maestros en el arte del conocimiento de sí y el encuentro de la conciencia a través del yoghismo (filosofía y ciencia). Estoy desinteresada en ponerles etiquetas de chamanes o guerreros; de semidioses, menos, creo que ya estamos sobraditos.

Lo que no sé es cómo llegaron a serlo. ¿Qué sucedió antes? ¿Cuáles han sido sus trayectorias? Sé que en algunos casos hubo rupturas ante lo establecido, por acontecimientos sobre los que no se puede elegir y otros porque así lo eligieron. Pero no tengo los detalles de esos procesos. Lo que sí, es que son creativos, sonríen, y en ello hay un camino de resiliencia. 

Me identifico con estos hombres, ojalá fueran más.