8 de noviembre de 2018

Cuando logré llegar a la cima de la montaña descubrí que del otro lado había un cañón profundo e interminable. Un hermoso recorrido lleno de peligros y magia, entre sus cuevas tal vez las huellas de otra humanidad. Era otoño y el sol oradaba las piedras, todo lo vivo. Era un trayecto complicado para atravesarlo en bicicleta.

Felizmente recordé el asenso y mi respiración agitada. Un enorme deseo de volver a casa me motivó  a darle a los pedales y descender por la ladera suavemente. El invierno estaba cerca y era necesario guarecerme.

Algunas respuestas también bajaron conmigo. La siembra estaba completa, era tiempo de respetar el tiempo de la vida para que brotaran las raíces.