17 de marzo de 2010

Uno de estos sábados durante el desayuno mi mamá se levantó a servirse un poco más de café. Al volver a la mesa tenía el ojo derecho lleno de sangre que no escurría. En adelante, nuestra relación con mi madre ha cambiado.

Anoche una de mis hermanas me preguntó: -¿Qué piensas al saber que tienes 35 años, que tu mamá tiene 65 y que está enferma?

Fragilidad.

Creo que platicamos durante una hora sobre nuestra madre, nuestra relación de hermanas y la familia. También pensamos en las abuelas y sus últimos años. A través de las mujeres grandes de esta tribu hemos aprendido a ser observadoras, fuertes, melancólicas y durante mucho tiempo silenciosas. A llorar en muy pocas ocasiones, casi siempre a solas.

-Pienso que mi mamá llegó a su límite. Todos tenemos el nuestro.


Hacerme de la certeza del tiempo me sitúa frente a la muerte, en este proceso reelaboro el significado de la vida y empiezo a aceptar toda su fuerza. Luces blancas.