21 de mayo de 2015

a veces estoy consciente
el sonido del mundo conserva su algarabía

el boom de las explosiones crece
las cabezas ruedan desprendidas de sus cuerpos, como en cualquier otro siglo.

ayer asesinaron a una mujer por mostrar su rostro en público y sonreir. por tomar el valor para ser, las silenciadas son miles en el desierto (del continente americano, asiático, africano y europeo). la mordaza lleva por dentro navajas de odio y exclusión, harta miseria.

y yo, con incontables opciones de frente, cultivo con minucia la decisión siguiente porque lo años cuentan y pesan en este universo mercantil, donde muy pronto participaré de la estadística de los casi muertos por rebasar el límite de la edad productiva

y reproductiva:

"aquí descansan los restos de una mujer que no cubrió su cuota de mano de obra explotable. prohibido dejarle flores. amamantó cero esclavos".

quizá debiera como uno de mis ex amantes comenzar a pagar los abonos para mi lugar en el campo santo y sentarme a contemplar la llegada de la carroza funeraria

o tal vez, para dejar de esperar el final de mi condena cultural, podría comenzar a escribir sinceramente desde esa consciencia que ahora atiendo y decir que hay días felices y noches felices que he amado de manera expansiva hasta quedar a solas con mi existencia propia en este siglo xxi al que no le concedo etiquetas