23 de junio de 2008

¿por qué escribo?

¿por qué escribo?


¿por qué escribo?


Las respuestas han sido diversas y cada una verdadera. Pienso que se acumulan y a veces que no se acumulan nada, sino que se depositan en el vaso de una licuadora de múltiples velocidades: ésta que quiere responderse juega con los botones: presiona el del puré o el de moler hielo según su estado anímico.

He logrado algunas líneas convincentes del por qué escribo. Supongo que de seguir escribiendo la pregunta regresará y construiré otras versiones.

Hace días que otras preguntas se me aparecen en la habitación o cuando camino:

¿para quién escribo?
¿por qué quieres saber para quién escribes?
¿hasta dónde quieres llegar con esto?
¿quieres?