4 de diciembre de 2008


La vida de mi madre cambió cuando nació la Miriam. Ella tenía 31años y estaba soltera. Una vez le pregunté por qué había decidido tener otro bebé con el mismo hombre y me dijo que fue porque no quería que yo estuviera sola. Así que me buscó una hermanita. Mi hermana Gilda y yo nos llevamos poco más de un año y sí, hemos sido compañeras de rollercoaster toda la vida. Es una parte de mí, mi mejor amiga. Esta foto me gusta porque estamos las tres: mi amá, mi hermana en la panza de mi mamá y yo.
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Esta semana logré terminar un ejercicio de escritura que me encargó mi asesora espiritual, digamos. Tenía que escribir sobre mi niñez y mi mamá. Me sirvió para descubrir que
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Mi vida empezó a cambiar cuando cumplí 31 años, pero a diferencia de mi madre no tuve una hija: yo me fui a otra ciudad. Rompí con... Inicié una búsqueda casi a ciegas, guiada por el instinto de sobrevivencia. Me encontré después de una serie de... equivocaciones. Me estoy poniendo al tiro con mi trabajo, esto de mi propia ausencia pospuso casi todo.
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El paso de los años por fin tiene sentido, hoy quiero a mi amá más que nunca. Me pone feliz que mis hermanas sean mis hermanas, son las morras que dan los mejores abrazos. Además, tienen cada ocurrencia que dan miedo y ganas de orinarse de risa.