21 de enero de 2009

Hoy hablé por teléfono con una de mis tías. Lamé para saber cómo estaba la nueva prima que nació el domingo pasado: Gabriela (como yo); y también para preguntar cuándo podía ir a visitarla y esas cosas. Mi tía estaba muy emocionada, lo noté en el tono de su voz, en la velocidad de sus palabras, en su impulso por contarme todos los detalles del nacimiento. Todos estamos felices, me dijo. Después me preguntó si había visto el Inauguration Day de Obama y le respondí que no, porque mi TV es exclusiva para ver películas. Fue entonces cuando la esuché llorar. Me platicó que estaba muy conmovida por el acontecimiento, que empezaba a creer que había iniciado "una nueva era". La escuché en silencio, el tono de mi escepticismo + mis 33 años de vivir bajo la crisis económica de mi país y las políticas desiguales de los gringos hacia nosotros. Sin embargo, no olvidaré el comentario que me hizo: es un día histórico, recuerdo las escenas de las palizas a los afroamericanos que se transmitían en televisión durante mi infancia, los perros atacándolos en la calle durante las marchas, todas esas imágenes de su lucha por los derechos civiles; sobre todo, el llanto de mis padres. Para mí, dijo, esto significa mucho y me alegra haberlo visto.