6 de septiembre de 2009

La tarde que la ciudadanía tomó a la calle para celebrar la salida del PRI del gobierno federal me encontraba en un hotel de la ciudad de Tijuana. Mi novio y yo nos abrazamos. Recuerdo que estábamos viendo la tele y yo me puse a llorar muy emocionada porque hasta ese momento pensaba que mi generación no lo vería, que tal vez cuando tuviera unos cincuenta años y nosotros hubiésemos crecido lo suficiente. Ese mismo día por la noche estuvimos hablando sobre los peligros del facismo.

Con el tiempo, mis preocupaciones por este asunto se han ido confirmando: la desaparición progresiva de las garantías individuales, el ejército en la calle, el desorden político, la reestructuración de las mafias, los gringos infiltrados en todos los niveles de gobierno y tomando control del sector productivo, la pobreza, el desempleo, la desarticulación paulatina de proyectos de cultura y el fortalecimiento de una educación mediocre. Mis expectativas fueron pocas e ingenuas. El nivel de ignorancia, la apuesta de los medios por la falta de crítica, la ausencia de propuestas y el analfabetismo en nuestro país rebasan mis supuestos.

La respuesta ha sido torpe y desorganizada, pues la construcción de la ciudadanía en nuestro país se produce lentamente y recibe golpes a cada paso, además de enfrentarse a un sistema educativo desinteresado en formar ciudadanos. Para quienes vemos el reto es grande: Nuestro país no tiene proyecto: no hay proyecto. Proyectar es planear, pensar en el futuro y construir desde ahora sus cimientos. No existe.

Hace un par de años un conferencista en la universidad, tras hacer un análisis sobre el proceso electoral, planteó que estábamos viviendo una emergencia y que apenas iniciaba. Yo le creí porque tenía mi edad y vi temblar su quijada cuando lo dijo.

Acabo de leer sobre el recorte presupuestal a la formación de investigadores en México. Pienso en mis alumnos de la universidad y me da vergüenza. Cómo decirles, de qué manera ayudarles a comprender que todo esto está por convertirse en una farsa. También me ocupo de mis proyectos inconclusos y la espalda se me encoje porque las horas no me son suficientes. Hay varias cosas que ya no caben en mi vida porque requiero de todo mi tiempo y mi energía para hacer frente a lo que viene. Empecé por usar una metáfora para hablar de mi coraje, eso lo hará mejor un poeta. Lo suelto directo y por su nombre: este gobierno es culpable de enriquecimiento ilícito y traición a la patria. Estoy asqueada.


Pronunciamiento de los becarios de Conacyt.
http://organizandolalucha.com/2009/09/05/pronunciamiento-publico-de-la-asamblea-de-becarios-de-conacyt/