27 de mayo de 2010

La palabra modernus utilizada al comienzo de la era Cristiana y referida a la duración de una generación, se transforma hacia la mitad del siglo XIX en una palabra que designa sobre todo el “cambio de la moda de tendencias actuales del gusto literario…”, dejando de oponerse “cronológicamente a un determinado pasado”. En esa medida, irá perdiendo peso la rivalidad clásica entre antiguos y modernos o entre románticos e ilustrados, y en su lugar irá ganando peso una contraposición extraída del campo de la economía política, la de conservadores y liberales o la de pueblos atrasados y pueblos avanzados, por mencionar sólo algunas. Sin embargo, unos y otros no podrán ser sino modernos debido a que en el horizonte de esta modernidad sólo existe la posibilidad de contrastación consigo misma.

Guillermo Zermeño Padilla
La cultura moderna de la historia.