19 de mayo de 2016

Otro descubrimiento que aparece cuando una se libera de los enojos y la ira, es que el amor es una huella indeleble. Una extensa colección de gestos de belleza se recuperan y en la memoria la persona deviene nomás persona sonriente, con su mirada de luz otra vez, sin juicios ni condenas. Dan ganas de verle y decirle gracias, de abrazarle como sobrevivientes que se encuentran después de un naufragio o una quemazón. El camino de aprendizaje es larguito, en realidad son varias las rutas que han de transitarse antes de esta experiencia. Pierde una peso y suda mucho limpiando los órganos donde la frustración, el dolor o la pena se habían instalado. Luego, todo se vuelve simple. Se comienza a olvidar y se abre el horizonte. Sin embargo, no hay manuales; lo que hay, son puras anécdotas, algunas canciones y muchos cuentos.