17 de agosto de 2009

qué soledad tan calavera

son las dos pm hora de la comida. la oficina se queda quieta hasta las tres, casi en silencio si no fuera por el aire acondicionado y el motorcito de las computadoras. ¿por qué me quedo aquí sola casi a diario? ¿por qué me voy cuando todos regresan? usualmente culpo a la gente que se rie de todo de no quererme cerca, hoy por primera vez reconozco que no me gusta la gente que se rie de todo todo el tiempo, me desespera, no tengo nada que decirle y, a veces, me aburre. vaya, una careta menos. en cambio, espero que sean las diez para reunirme con otros que disfrutan una conversación antes de dormir. parece que me escudo en el trabajo, la verdad es que mi trabajo me hace sentir placer y genialidades. hoy me vi escondida detrás de este monitor y me perdí un par de horas en la vuelta de las páginas que siguen sobre mi escritorio, ya intervenidas. aquí dentro hay un fiestón y un taller de confeti. ¿alguien más percibe el ritmo de mi caja de sonido?

soy un caledoscopio. soy un ojo abierto. soy dos manos que sujetan. soy una boca. soy un trenecito de ideas detrás de unos labios que empiezan a decir yo-yo, tú-tuú.