28 de diciembre de 2010

las experiencias del ser humano en el territorio son inseparables de su comprensión del tiempo, y de manera simultánea conciben la imagen del territorio. migrar es una vivencia que lo define. el desprendimiento y el cambio son algunos de sus efectos, como la ruptura, la inadaptación y el sentimiento de pérdida. ser migrantes es una característica que compartimos con otros animales, pero a nosotros nos ha constituido seres históricos.

en nuestra cultura la transformación se asocia con ideas sobre la muerte, el límite y "tocar fondo"; con la resurrección que sigue al calvario padecido: cruzar la frontera es alcanzar la gloria. la frontera es el borde, es el filo que separa el antes y el después de lo conocido que podemos controlar. las disposiciones que tenemos para enfrentar el cambio no son evidentes, no las manejamos en la conciencia sino que se revelan como faros que indican la costa o bien como monstruos marinos que aparecen en medio de una tormenta. como sociedad, creemos que sólo frente a la adversidad seremos capaces de la solidaridad, que la inventiva mexicana se impondrá al final.

la migración y el poder van de la mano. tener la capacidad de decidir respecto a ella es un acto de libertad, lo contrario es opresión, es dolor y miedo. pienso en los desplazados por la guerra, en los que han sufrido el exilio, en los refugiados. pienso en todos los mexicanos que abandonaron el país durante el siglo pasado y en los que hoy junto con los sudamericanos van en los trenes y caminan por el desierto.

también pienso en mis amigas, que han tomado la decisión de no estar, de no ser, de provocar una ruptura. en ellas que han asumido la responsabilidad de transformarse lejos de aquí y en las que han creado nuevas formas de ser sin irse gracias a su fina observación del mundo. en mis amigos, que se niegan a trabajar detrás de un escritorio, a cubrir el recibo del agua o a tener una casa propia que terminarán de pagar sus hijos. estoy con todos ellos.

la migración y la libertad pueden estar juntas.
la migración, la libertad y la clase media.

esta semana regreso a mi casa. sé que no me iré de la ciudad por mi propia voluntad, que estoy dispuesta a viajar, que quiero hacerlo. también, quiero perder el miedo al cambio, perder el miedo, que hace mucho tiempo crucé la frontera y me hirió el filo.

nunca antes comprendí la necesidad de la ruptura. abandonar una casa, un hombre, otros hombres, viejos amigos. abandonarse y viajar. en ese desplazamiento se produce una transformación. una nueva sustancia que circula.

en el departamento de la calle monterrey, ubicado en el centro de hermosillo, sucedieron los pasos y el abrir de ramas con las manos para desvelar lo que en realidad buscaba. un ser que se construía a sí mismo. desde entonces viví en muchas casas, dormí en varias habitaciones, en un par de brazos sin nombre. he sentido la distancia y no he estado sola.

buscar un lugar para nido es parte de este transitar. pero qué nido? para qué? por qué tengo una casa? por qué regreso a ella? siento que esta vez voy con rumbo a mi propia pista de aterrizaje-lanzamiento y no a un nido:

recuerdo la primer mañana que vi el mar, antes de bajar del carro me quité las sandalias y corrí hasta la orilla. tuvieron que sacarme por la fuerza en la tarde. desde entonces mi piel es oscura, y brilla.