22 de diciembre de 2014

Nunca leí a Mathai, lo veía caminar por la universidad con su maletín. No puedo dar una opinión sobre su trabajo intelectual. Sobre la interpretación que hace Alfredo, un poco. Me gustó cómo abona a la idea de que en esta frontera una propuesta filosófica está por hacerse. Quizá en los noventa esa idea era el tópico más relevante, la frontera como un lugar de esperanza donde se podía construir otro mundo con los desechos de California y la riqueza cultural de los tijuanenses. Ahora no, es muy distinto, es una zona miserable.

Andar a pie durante unos días y caminar por donde no suelo pasar cambió mi experiencia de este espacio y de este tiempo una vez más. Las personas son más pobres de lo que suponía, la pobreza es inocultable, vi el estrés en su expresión corporal, en su piel manchada por el sol y la falta de los nutrientes indispensables, en sus dientes cariados, sucios y la ausencia de piezas dentales, en la ropa, gastada, muy gastada, en el cabello sin brillo, deshidradato, maltratado y lo más fuerte es ver si mirada que ve hacia ninguna parte. Una tristeza y falta de fe. Está bien cabrón pensar que alguien puede ser feliz aquí.

Hace mucho que no sé qué es ser feliz en totalidad, lo más cercano es un estado de ausencia y de silencio, donde por lo menos me siento tranquila. La compañía es imprescindible, el cuerpo se muere si nadie lo acaricia y se muere una toda realmente. A lo mejor eso es la felicidad en el presente. Estamos todos tan invadidos por el miedo que somos incapaces de enamorarnos, vemos el amor o lo sentimos y echamos por delante la frontera que llevamos dentro, con murallas, cámaras de vigilancia y el resto del aparato de seguridad. Somos tan frágiles en verdad.

A mí me da gusto saludarte aunque también me da tristeza verte, siempre siento que tienes algo que decirme, tus ojos hablan mucho pero sales corriendo y me quedo preguntándome por qué. Es raro, pero así eres. Sólo tú sabes qué pasa. Voy entendiendo que me sucede con varias personas, que yo las tengo muy presentes y creo que estamos cerca en el pensamiento y en la energía y en estas semanas acepté que no es tan cierto. Yo vivo con la creencia de que aunque no nos vemos vivimos luchando por las mismas cosas, en la intención y en la acción,  que eso nos hace estar juntos siempre, que pensarlo al mismo tiempo bastaba y solía pensar que era un pacto de vida que teníamos varias personas, pero ahora lo dudo.  Esas lealtades se van borrando y me siento con mi lealtad a mí misma nomás y es como si los demás empezaran a morirse.

Pienso que las personas sienten mucho miedo de aceptar que existan esos vínculos y que ya no se permiten ser como niños, prefieren perder la espontaneidad de un abrazo o de una palabra o de un beso, o simplemente responder a una invitación para hablar y se tripean no sé qué. Después alguien o algunos me dicen que soy muy ingenua o muy sensible o que espero mucho de las personas. En el pasado hay muchas cosas que no puedo cambiar, ya no quiero recodar ni extrañar nada  ni a nadie.

Ha sido extenuante tanto pasado, invertimos demasiado tiempo en el pasado y dejamos ir el presente. Así que es parte de la vida cerrar ciclos y abrirlos, yo busco abrir un ciclo más creativo y festivo, de mucha claridad en las palabras y acciones. Gracias por tus buenos deseos.