6 de septiembre de 2015

Hoy crucé al otro lado después de cinco años. Regresé harta y abrumada: por un set de televisión colosal, atascado de publicidad y de carreteras diseñadas para el alentar consumo; con la mirada saturada de imágenes por no encontrar sitio para descansar del bombardeo de logotipos ni de letreros con indicaciones. Enloquecí por otro tipo de encierro, uno confortable y luminoso, donde todo queda a mano para ser adquirido: la risa, la fantasía, el descanso, la felicidad, la tarde. Soy una de esas personas molestas que observa con atención crítica. No quise hablar inglés y no fue necesario, esta vez los diálogos sucedieron en español para mi sorpresa, así que mi resistencia al idioma ha dejado de tener sentido. No sé si es resultado de un triunfo. El costo de la vida allá es asombroso y existe una discrepancia monstruosa entre nuestras realidades, la económica me provoca asco.