30 de septiembre de 2015

Le he agarrado gusto al cardamomo y al gengibre. Me los bebo como té caliente cuando me siento junto a la mesa a estudiar, aquí en el silencio maravilloso de esta casa. De frente tengo un espejo. Me gusta mirarme mientras leo o escribo. Mis ojeras dicen más de lo que deseo. Pero eso es asunto mío.

Hace unos días descubrí que le he devuelto a mi madre todas sus expectativas. Y duermo más tranquila. Despacio apago Todas las Voces que Nunca tendré satisfechas. Y algo se adelgaza. Con ese pequeño acto de magia recupero movilidad en todas mis dimensiones, gano espacio para pensarme y en él habito un presente de soledad liberadora. No conocía esa paz.

Escribo sobre un proyecto que necesito cerrar, termino de bordarme piel y espíritu. Voy a dejarme intactas las arrugas que aparecen cuando sonrío.