17 de marzo de 2009

3

La ola, la doble, triple ola, la ola, derecho frente a uno, se eleva, ocupando desmesuradamente el espacio, lleva ojos en sus lentos torbellinos.


Enrollándose y desenrollándose majestuosamente, sin fin viniendo sobré él, la ola trae, lleva, devuelve ojos, vastos ojos con miradas de reproche, de resentimiento.


Suspendidos en la marejada creciente, no lo dejan en paz, no lo ven más que a él, no están ahí más que por él, ojos que desean el mal, ojos llenos de furia, sobre las olas que siempre regresan con energía gigantesca.


Henri Michaux.
Caminos buscados, caminos perdidos. Transgresiones.