28 de marzo de 2009

That was beautiful. Let's have some more.
Candy, en Candy.




Cuando murió Heath Leadger pensé: el segundo actor muerto de mi generación: ICON. El primero para mí fue River Phoenix, había algo en su expresión de que conectaba más allá de sus personajes: el sabor del futuro incierto, la sensación de descontento-euforia-vértigo, la certeza de fragilidad con su partida (My own prived Idaho, Gus Van Sant, 1991).

Candy (Neil Armfield, 2006) me recordó escenas de Requiem for a dream (Darren Aronofsky, 2000), Trainspotting (Danny Boyle, 1996) y Kids (Larry Clarck, 1995), un ramillete de historias cercanas y reconocibles.

Candy es una película que no llegó a las carteleras de cine en Tijuana. Se trata de una historia de amor desarrollada en la cotidianidad de un par de yunkies donde la tragedia se queda corta. Los por qué están sembrados a lo largo de la narración y hay varias ausencias deliveradas.

En una lectura simple el abordaje parece superficial, sobre todo cuando Candy tiene un final "feliz" y una redención matadora. El personaje femenino es muy fuerte, pero Abbie Cornish se queda a medias. Sin embargo, el personaje de Dan es completo gracias a la actuación de Ledger (es el pre de la construcción del Jocker).
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Este proceso del actor me deja pensando varias cosas: su transformación a partir de la interiorización/representación del otro, que es yo; y en la terapia de Constelaciones, que tiene como princio la energía que nos comunica y hace posible que experimentemos la alegría y el dolor del otro. (cosas que aun no comprendo).

Con el proyecto de las morras he descubierto que el mundo de las drogas está construido sobre reglas absolutamente masculinas, con terrible crueldad y un mar de desventajas para las mujeres. Candy tiene suerte, pero Dan... (Pienso en mi propio Dan, en la euforia de los primeros meses, en la complicidad sin límites: en la despedida, en la distancia). Decir adiós (desprenderse) también es un acto de amor, es entonces cuando Candy se torna memorable.

Dan: [reading] Here is the deepest secret nobody knows. Here is the root of the root and the bud of the bud and the sky of the sky of a tree called life; which grows higher than soul can hope or mind can hide. And this is the wonder that's keeping the stars apart:

I carry your heart, I carry it in my heart.