17 de marzo de 2009

ella suspira profundamente, duerme. anoche él roncaba, yo escribía. compartimos sin más remedio una pared blanca de concreto, una vida duplex. los habitantes de esta casa también recorren las nochesmadrugadas en soledad.

ellos han pasado juntos cuatro noches desde que estoy aquí. ella es más seria cada día. algunas veces escucho sus gritos por la mañana y ha comenzado a hablarle a su hijo con palabras duras. el hijo llora, casi siempre. ya ha aprendido a bajar las escaleras por su cuenta.

vivir a esta distancia del mundo acaba por adelgazar los hilos indestructibles. él pasa cinco días en el otro lado porque consiguió un mejor trabajo a una hora de la frontera. ella se queda en el despacho de lunes a viernes, resuelve y decide desde que él dejo la contabilidad. él regresa a jugar con su hijo los fines de semana, ella cruza la línea el viernes y regresa el lunes. consiguió un empleo mejor pagado a una hora de distancia que equivale a una semana de trabajo en esta ciudad.

los veo palidecer. recuerdo su risa de casa nueva, de bebé en camino, de carros nuevos, de vacaciones y fiestas de apertura. quisiera susurrarles a través de la pared, advertirles que... nuestra casa duplex, nuestras noches duplex.

yo fumo. procuro no estar aquí, no dormir en este cuarto. me abrazo a mi jornada semanal de 50 horas, al tiempo.

hoy me pinté las canas, limpié los espejos.