10 de julio de 2010

Catastrofista

1


ayer oscureció sin aviso

el Sol escupía una columna de humo y llamas

rocas

pequeñas a la distancia

candentes brazas al aproximarse

sentada sobre la cajuela de mi auto observaba

con horror

y paz

vi salir a la gente

llena de asombro

la ciudad

enmudecida

en comunión abismal

se iluminaba

bronce




2


Tengo dolor de garganta. Frío. Los aniversarios luctuosos me van muy mal. Se me dan entre náuseas y olas fotográficas con punta de alfiler.

Aquí no hay nadie, solo esta voz electrizada y megafónica que dicta. Una línea blanca, verde, azul, un zigzag artificial, un pulso. Un horizonte de arena. Viento.

Una pierna gigante me revienta el torso en un ángulo recto que se clava en la imagen suspendida de mi misma. Y me arrastra y me obliga. Siempre habrá algo muerto al pronunciar su nombre.

En la orilla de la playa abriré un boquete donde quepan las cenizas de esa casa, sus objetos, sus dos habitantes. No quiero tumbas, ni rastros.

Me entrego a una paz de sertraline.





-Publicado en la revista electónica Espiral 29.