8 de diciembre de 2011

Sospecho que mucho de lo que doy por cierto está irremediablemente construido desde la modernidad. Lo digo porque me he estado preguntando respecto a lo que estoy leyendo y lo que aprendo con Luc. En el fondo todo esto de la subjetividad, el lenguaje y la centralidad del cuerpo es cierto, es lógico como apertura a otras formas de entender el mundo y revela nuevas aristas del conocimiento "científico" (el infinito inasible, búsqueda sistemática y perpetua de respuestas sobre lo que somos y por qué). Y ese es el pedo, que esta revolución epistémica quiere seguir siendo científica. Estas formas del pensar cuestionan la realidad y la deconstruyen para seguirla haciendo objetiva. Moderna nueva.

Es importante para mí reconocer que ha sido principalmente desde el campo de la psicología de donde provienen las críticas y búsquedas por comprender y mostrar que el mundo no sólo es éste y que existen otras realidades. Sin embargo, (¿?) sus hallazgos conocen poco las conclusiones profundas que sobre este tema elaboraron otras civilizaciones que tuvieron una relación distinta a la nuestra con la naturaleza y el cosmos -por ejemplo, en la filosofía de los antiguos mexicanos y su profundo entramado conceptual. De ahí que los estudios desde la antropología y la filosofía sobre esas antiguas formas culturales cobran relevancia al dialogar con la psicología contemporánea (¿existen estos diálogos?), mientras que casi siempre se "observan" como algo que fue, es decir, una forma de ser-estar del otro que ha muerto. No pienso que sea así: pienso que aquí no lo es todo, que la realidad es una forma de nombrar el presente y que nuestra dimensión es algo más complejo que objetivo y subjetivo. Las conclusiones de esas otras filosofías proponen lo que somos: simultáneos aquí y allá, uno con el cosmos y sus zonas que vemos oscuras.

Esa oscuridad que no vemos pero sí sentimos no es vacío ni existe en forma exclusiva a partir del lenguaje. El lenguaje es un mecanismo vivo donde sucede una parte del nosotros, un medio para, pero somos más que lenguaje y cuerpo. Somos cuerpo-y-no cuerpo, y esa forma que somos se manifiesta a través de la serpiente de luz adentro que a veces sentimos y hasta vemos.