7 de diciembre de 2011

this is the best moment


Estación 3, por Miriam García


1
Me despertó el golpeteo de la puerta del baño y un zumbido. Los gatos entraron por la ventana de la cocina y rasguñaban la alfombra junto a mi cuarto. Es su primer otoño y no sé si su programación incluya algo sobre la “condición Santana”.

En mi jardín las plantas perdieron casi todas sus hojitas. La naturaleza de este planeta es podar lo que ha cumplido su ciclo. Este mundo es redondo y gira, es un planeta que respira a través del mar.
Infiero que pronto vendrán las lluvias y que por la tardanza de estos vientos hará un frío de la chingada este invierno.

(El cuervo ya se fue, no canta más por las mañanas).

Durante el día he pensado en la composta, en el viento y en el despelucadero de plantas que provocó; en la llovizna y la humedad de los días pasados:

Para que florezca la vida en el futuro existe un periodo de incubación subterránea.
2
Cada generación asigna al concepto revolución sus experiencias. Adentro permanece la expectativa de que es posible ser y vivir de otro modo, que es preciso cambiar. El problema es ponernos de acuerdo hacia dónde dirigir ese cambio y esa revolución; y, el miedo de parecerse al pasado, al padre.

Desprenderse de la figura padre es necesario para alcanzar la independencia, la autonomía. Olvidarlo, rechazarlo como parte del yo, ¿es deseo?

Una y otra vez aparece el autoritarismo. Pienso en las críticas de Hobsbawm a la posmodernidad. Me pregunto si esto que sucede es sólo una mutación de la modernidad o si ya por fin se muere, porque la muerte que respiramos es mucha.

Delanoy dice que el instinto de conservación es millones de años más antiguo, que los seres vivos que mejor se adaptan a los cambios son los pequeños y por eso la extinción de los dinosaurios. Nos recuerda constantemente que la naturaleza de la vida es la vida. Yo le agrego que en este punto de la cultura, el amor es preciso. Y que el amor y la vida no son lo que aprendimos. Para ser y vivir de otro modo necesitamos más que instinto: imaginación.
3
He trabajado mucho este año
mucho
Lo más destacable es que
tengo dos gatos
mi cabello roza mis hombros
mis piernas fuertes redondas felices
y he vuelto a comer pizza
(Respiro aire espiral dentro de mí olas)
4
Ya entendí cuál es la utilidad de que la gente como una lea todo y casi en forma simultánea, sostenga monólogos en su auto, en sus sueños, en su habitación, frente a la computadora o mientras camina, e insista en esa práctica de observar y pensar constantemente. Después de muchas tazas de café y quizá cientos de cigarros, de noches eternas, de días controversiales, de autoplacer, autosabotaje y decisiones contramonogámicas, de píldoras y placebos, etc-etc , logra una descifrar la constelación que forman cada una de las luces maravillosas que brillan en el fondo de eso que acordamos en llamar oscuridad.

La juventud es un estado mental, la madurez también, resulta incluso que ambas se relacionan con las sustancias que produce el cuerpo. Las canas y los antioxidantes, el agua y la comida orgánica de un tiempo acá ocupan un lugar en mis pensamientos.

El otro día noté la cercanía del otoño, y eso no quería entenderlo, pero lo comprendí inmediato. Me lo imaginé muy dorado, muy rojo, lleno de viento y lluvia, de amaneceres, atardeceres y una luna insuperables. Pensé en el frío y en la importancia de instalar una chimenea en la sala; en lo mucho que me gustan ahora esta casa y su tragaluz.

También, platicaba con un amigo que, al igual que yo, ha invertido sus ganancias en libros. Le decía: aquí lo único de valor somos yo y estos libros -donde voy dejando mis ojos para hacerle lugar al universo, a todas esas cosas que pienso y pienso, que al fin he logrado hilar para hacerlas bajar y que sirvan de algo. Él me preguntó hace poco si sus canas se notaban mucho y me pareció que era una de las preguntas más honestas que me ha hecho nadie.
Miriam García Aguirre
Para la revista Espiral
Tijuana, noviembre de 2011.
amarabierto.1@gmail.com