10 de mayo de 2013

Los migrantes llegan por cientos a Tijuana todos los días, no había visto algo semejante: mexicanos, centroamericanos, repatriados... Huyen del hambre y la violencia.

La ciudad no está preparada para recibirlos. La gente duerme en la calle, debajo de los puentes, dentro de las alcantarillas, come del bote de basura o del suelo y algunos pelean por los desechos: plásticos, metales o vidrios.

Los que tenemos más tiempo de residencia, trabajamos casi todo el día. Hay muy pocas ocasiones para el descanso, siempre hay ruido, no hay escuelas suficientes, ni trabajos, ni casas. Nos abrazamos de esos pequeños momentos de gozo, fiesta y alegría que de vez en cuando logramos generar.

Somos más extraños que nunca, ¿quiénes somos?