28 de febrero de 2016

El cuerpo sonoro de la música es un espacio habitable donde toda yo partículas atómicas me desintegro. Selva y galaxia barrido luminoso donde la armonía de lo sensible y lo no visto devienen sendero ilimitado. El Tempo indica el silencio de las notas, sucede breves arpones que se filtran a través de los objetos y los interviene. Vibramos caja hueca o tronco seco: torrente sanguíneo en comunión con los actos de respirar y digerir: el viento silvando en los pulmones, el ácido chilleante burbujeando en las tripas. La combustión interna de lo inasible. Latido con fecha de caducidad. La frontera y su sonido experimental pulsando en cada uno de sus sordos.