21 de octubre de 2008

la calle es nuestra . la calle es nuestra . la calle es nuestra .
es un plateamiento abiertamente político anclado en los principales logros sociales e históricos de los movimientos sociales del siglo XX. es un legado, un derecho civil fundamental.
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la calle es nuestra es un llamado a la Memoria.
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El fin de semana estuve en Hermosillo. Iba caminando rumbo a los sitios de perdición habituales cuando me percaté de la tranquilidad de las noches en aquella ciudad. No deja de sorprenderme la imagen de los vecinos sentados frente a la puerta de su casa platicando y tomándose unas cervecitas en plena calle. En mi ciudad, es una práctica que ha desaparecido. Sería exponerse a más de tres peligros mortales. La violencia ha ido ocupando el espacio público a un ritmo acelerado y constante, desplazándonos hacia la vida privada. Con la misma velocidad de la violencia nosotros, los ciudadanos, vamos perdiendo nuestras garantías fundamentales y nuestros derechos civiles ganados a sangre y fuego en otros tiempos.

Como extranjera en aquella población anclada en el desierto y teniendo como referencia mi vida cotidiana en Tijuana, Hermosillo me parece un lugar tranquilo. Los amigos que visité me preguntaron sobre el estado de las cosas acá en este pueblo, compartieron su preocupación y me dieron sus condolencias. Sí, la sensación fue como de pésame. Las despedidas incluyeron un cuídate mucho, buena suerte, seguidas de abrazos prolongados. Esperamos verte de nuevo.

Sin embargo, esa misma noche mientras recorríamos las calles mi anfitrión me platicó que hacía algunos días habían acribillado a un hombre en su camioneta frente a sus dos niñas y pensé de inmediato en la desarticulación de su universo, en su futuro roto. También me dijo que pasaban muchas otras “cosas”, pero que no se hacía tanto ruido en los medios (locales/nacionales) como cuando pasaban cosas acá. Que en Nogales se vivía bajo otras leyes, que en Agua Prieta…, que en Caborca… Siempre pensamos en el otro, el que está allá lejos en medio de la tragedia. Nunca nos pertenece, hasta que se aparece frente a nuestra puerta.

Pensé que era un ciudadano optimista cuando me dijo que en Tijuana no nos aplicarían el toque de queda, que pronto volvería todo a la calma, que los gringos estaban demasiado cerca. Lo dudo. A veces pienso que nuestros amigos en otras latitudes ya no saben que decirnos, que quisieran comprender, que viviéramos mejor, que nos sintiéramos menos solos. Yo aprecio sus palabras y su solidaridad.

Aquí estamos aprendiendo a sobrevivir en medio del fuego. Los disparos son lanzados por todos lados, así que no confiamos en las autoridades, ni en las leyes, ni en los uniformados, y mucho menos en los gringos. La falta de confianza es un golpe duro a la convivencia, al tejido social y al sentido de pertenencia.

Dos tardes después tomé un taxi rumbo al aeropuerto. En la radio estaban transmitiendo un programa de esos de tribuna, donde un locutor gordito y de sombrero toma el poder del micrófono para dar a conocer sus opiniones. Entre la infinidad de temas que trató, hizo pública su preocupación por el aumento de suicidios en Sonora durante las últimas semanas. Dijo que entre el viernes pasado y el lunes se habían suicidado cuatro personas: una mujer de 20 años, un hombre de 30, un hombre de 34 y otro de 39.

Como usted lo sabe, soy mala para citar autores y enemiga de la erudición que no sirve para comprender, explicar o resolver alguna parte de la vida humana. A través de lo que he aprendido, observo con preocupación estos sucesos como señales e indicios de una sociedad insatisfecha, temerosa y pobre. Cualquiera que tenga un poco de Memoria y sepa leer el tiempo, sabe lo que esto significa. Desde este lugar, apuesto por la construcción de nuevos diálogos y trato de hacer mi parte como mujer y como profesora de historia, porque leo con urgencia la necesidad de transformar la Educación y el Estado, entre otras cosas, y pienso que en nuestra contra está tanta ignorancia (esa bestia inapacible).
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[Se agradece sinceramente que el lector llegue hasta este punto.]