19 de junio de 2013

El sábado me enamoré de dos hombres. El primero tiene la piel aperlada, entrena valetodo y abraza con harto cariño. El segundo es mudo, alto, de inolvidable porte y nombre desconocido. (Encontrarlo hizo que se me encendiera un hilo de luz desde el ombligo hasta la garganta. Desde allá donde estaba vino hasta mí. Para qué decir nada.)