26 de junio de 2013

Mi encuentro con la maternidad (o algo así) es inusual. He tenido tres libros, medios hijos libros con varios padres y madres a la vez, algunos textos, muchos alumnos en los que algo de mí se queda -para bien o para mal, como cualquier madre que hace su mejor esfuerzo y luego los chamacos hacen de las suyas con su libertad. Ahora vamos a tener un programa entre un motón de enamorados onironautas. Y neta sí, estoy dejando ahí mi cuerpo, mi tiempo, mi experiencia, mis palabras, mi particular forma de pensar el mundo y un amor tan grande que confirma mi humanidad y la de todos los involucrados en esta concepción. Luego seguramente tomará su propio rumbo, soy buena para dejar en libertad a mis hijos. Enamorada y desenamorada a la vez.

A últimas fechas he descubierto que me enamora la fuerza y creatividad de lo masculino que recibo a través de la colaboración en proyectos de trabajo. Los hombres que he amado formaron parte de algún proyecto de trabajo en un momento y es que soy muy afortunada, amo mis quehaceres porque se trata de cosas para compartir. Mi proyecto de vida está entrelazado con mi trabajo, me ha costado mucho lograr esta correspondencia y me hace feliz. Sin embargo, observo que hay épocas en las que me relaciono con lo masculino de distintas maneras. Esta es una en la que aprendí a reconocer el poder de lo masculino como una fuerza amigable y eso me produce un sentimiento de reconciliación.

A lo largo de mi vida las personas más inteligentes y preparadas siempre fueron mujeres. Ahora encuentro hombres a quienes veo como iguales por su talento, su imaginación y su preparación. Esto lo traigo a cuenta porque durante muchos años excluí a los hombres cercanos de las cosas importantes, creía que eran incapaces de comprender y de solidarizarse. Pensaba que era una perdida de tiempo, entonces me cerraba. Ahora estoy abierta y comparto los días con hombres y mujeres bien chingones que se entregan generosamente sin miedo. Ya me comparto y comparto de otro modo, uno donde experimento equilibrio y libertad. Confío, pues. Y en esas ando.





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