3 de abril de 2014

Hoy tuve un día de trenes que marchan a toda máquina. Mi trabajo consiste darles dirección y en cachar a la gente que sale volando por las ventanas en las curvas o cuando el tren va de cabeza. Hay trenes rabiosos y otros que avanzan sonrientes.

Esta tarde hubo un herido, era un joven grandote que contenía sus ganas de llorar. No pude hacer casi nada para ayudarlo, sus papeles no estaban en orden. Tenía la nariz rota. Yo dirijo trenes y cacho gente.

Escribí este letrero y lo pegué en mi puerta para prevenir reclamaciones: "Favor de registrarse antes de abordar, conozca las instrucciones del viaje, agárrese bien y aviéntese con precaución".