9 de julio de 2008



La primera vez que un hombre me propuso matrimonio cursaba tercer año de kinder. El niño se llamaba Omar y me lo pidió el último día de clases. Estaba enamorada, lo juro. La segunda, fue en quinto grado de primaria durante una kermés. Del niño nunca me gustó ni el nombre. Mis compañeros me corretearon por toda la escuela hasta alcanzarme y alguien firmó en mi lugar. Me llevaron a la cárcel por negarme a consumar el matrimonio con un beso. Mis amigas pagaron la multa y fui libre en menos de cinco minutos. La tercera vez tenía veintisiete años y nunca me quedó claro quien de nosotros lo planteó, pero sí recuerdo que dije "éste es el bueno". Hoy es nueve de julio del dos mil ocho y es la una de la mañana con doce minutos.


(Disculpe Usté, estaba yo escribiendo aquí unas cosas cuando de pronto. En eso pensé: mejor lo apunto, no vaya siendo que ahora sí esté bien loca de amor esta muchacha y haya empezado a escuchar voces del más allá. Gracias. Ya sabe, Aquí Se Le Quiere Bien.)