3 de mayo de 2011

Anoche leí un artículo sobre Walter Benjamin y el hachis. Al parecer, hubo una vena mística que se permitió explorar pese a la modernidad de su época. De ahí lo del hachis, que consumió bajo vigilancia médica primero y en compañía de otros investigadores después. Viajaban con protocolo, escribían de manera sistemática durante y una vez concluida la experimentación, el trabajo de campo por decir. Fue una búsqueda a través de la cual dio forma a nuevas preguntas y no, como suponía, a la elaboración de conclusiones más lúcidas. Pretendía escribir desde una aproximación filosófica un informe detallado sobre su experiencia.

Durante esos viajes, según sus notas, alcanzó a ver los límites del lenguaje bajo la forma de una explosión de sus ideas. El médico también llevaba una bitácora de lo que decía y hacía Benjamin, entre sus notas está el registro de estas palabras:  "El sujeto platica de una manera culta": "Quod in imaginibus, es in lingua" (tal como lo es en las imágenes lo es en la lengua). "Sobre el hachis" no logró concretarse tal como la imaginaba, como sucedió con otros proyectos que fueron interrumpidos por su muerte, pero sus apuntes sobre el tema han sido publicados a manera de artículos sueltos o en compilaciones.

Sus trabajos tuvieron como centro la interpretación, de ahí que la lectura del mundo ocupara sus ensayos. Para la leer el mundo se abrió a todas las experiencias de su tiempo, incluidas el marxismo y el hachis. El campo de la historia debe a Benjamin los créditos que le corresponden sobre la crítica de evidencias o critica documental en la investigación. La historiografías francesa, alemana y mexicana también están en deuda con él pues tampoco han asumido sus contribuciones al reconocer que en todo cuanto nos rodea existe una evidencia de las acciones e ideas humanas. Sus búsquedas sobre la relación entre lenguaje, tiempo e imagen, así como sus análisis derivados de la crítica literaria y el estudio del arte han sido fundamentales para la interpretación y sus teorías. Incluso, puede ser uno de los pioneros del método reflexivo -que está tan de moda en las ciencias sociales.

La historiografía contemporánea ha encontrado una fórmula para suavizar o no reconocer directamente las contribuciones de los pensadores marxistas. Es probable que haya sido una consecuencia de la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, como ocurrió en otras disciplinas sociales. La deconstrucción como modelo de análisis también es histórica. Ahora, es necesario formular nuevas preguntas y encontrar esas preguntas que desde el marxismo continuaron produciéndose en los últimos 25 años.

La Historia Cultural, por ejemplo, debe mucho a la obra de Walter Benjamin y creo que por "prejuicio" no se estudia ni se incluye en los planes de estudio. De hecho, el trabajo de Peter Burke tiene como fondo las ideas de este autor. Quizá también es necesario voltear hacia los trabajos de la Escuela de Frankfurt para observar su relación con la producción historiográfica de los últimos años, ya que existe cierta ingenuidad de nuestra parte en aceptar sólo una parte de sus antecedentes o los antecedentes aceptados por "la comunidad" y "el centro".

Si bien el campo de la investigación histórica se ha abierto al giro lingüístico, al hermenéutico, al culturalista, tal vez es necesario actualizarlos desde el materialismo, ¿por qué no? Pienso que es importante investigar, no sólo a leer, esos otros discursos periféricos y liminales producto de las "Iluminaciones" más que de la razón, tanto como urgente es desmitificar y superar a la razón misma que ha sido histórica, es decir temporal, y que resulta por demás obsoleta.

Adam Kirsh. "El filósofo en éxtasis. Lo que las drogas le enseñaron a Walter Benjamin" (Fractal 51).
Walter Benjamin. "MYSLOWITZ-BRAUNSCHWEIG-MARSELLA. La historia de un fumador de Hachís" (Se puede consultar en línea).