23 de mayo de 2011

Este año he escrito sobre las líneas del cuerpo porque me apropié de él recientemente. El tiempo en el cuerpo es una condición de su humanidad que deja señales visibles, muy visibles: canas, arrugas, gorditos aquí y allá, venas azules en lugares donde una no sabía que había venas. La lista puede seguir y seguirá.

En esta nueva etapa hago ejercicio, duermo casi nada entre semana y hasta medio día sábados y domingos. Ahora tengo que usar protector solar todos los días, usar cremas que no sabía que existían en manchas que  apenas me enteré tengo. También entendí que debo ir al dentista cada seis meses aún cuando no me duela ningúna muela.

El costo del mantenimiento del cuerpo es alto. Ocupa un porcentaje importante de mi sueldo y eso me ha puesto a pensar en la calidad de vida, en mi acceso a la calidad de vida. Enseguida, en la imposibilidad de muchos de atender su cuerpo porque es muy caro. Esto incluye por supuesto una dieta saludable, y comer bien también es bastante caro.

Veo a mis vecinos nuevos con sus tres hijos y pienso en el trabajo que necesitan realizar para cuidarlos, en todo lo que tal vez dejan de hacer por ellos mismos para mantener a su familia. Sobre todo, en su no descanso, pues el fin de semana la señora se la pasa limpiando y lavando ropa y el señor atiende a los niños, el carro, el patio y los perros. Me entero sin remedio porque hacen mucho ruido y pasan horas en el patio. Descansar para ellos no parece ser una opción frecuente.

Hay mucho que escribir sobre el tema pero ahorita necesito dormir, mi jornada fue muy intensa y mañana tengo que llegar muy temprano a la oficina.