15 de julio de 2011

Hace una semanas murió una mujer de 21 años. Su ex-esposo la mató por celos en el automovil. Le abrió el vientre con un cuchillo y la dejó ahí. Sus padres no se enteraron antes de los golpes en su cuerpo hasta que aparecieron en el informe forense. Tenía un hijo que ahora cuidan los abuelos.

Una de las mujeres que participó en el proyecto de las morras ahorcó a otra mientras estaban en Detox.

No sé que escribir.

El silencio que es también complicidad.

Hoy vi a una chica pasear a su perro. Lo llevaba sujeto por una cuerda color rosa con dibujitos y se miraba tan tranquila. A unas cuadras está El Mesón, que es el centro de rehabilitación donde desarrollamos los talleres del proyecto. Tanta pinche locura y tanta méndiga tristeza.

Nada de esto es cierto, todo es simulación, para qué tanta interpretación, citas, notas de pie de página. No sabemos nada, no tenemos idea de lo que sucede abajo, no queremos enterarnos del tamaño de la ignorancia y el dolor que se vive abajo. La muerte llama y la vida camaleón, engañabobos. Me gustaría que sirviera de consuelo el saber que esta cochinada es una etapa final del capitalismo o una crisis última del neoliberalismo; escribir algo así muy documentado y chingón para que mi ego intelectual se sienta menos... ¿inútil?

Me reduzco a puros actos de fe, esa grandeza tan pasada de moda.

Escribo mi respeto por el luto de todas estas familias.