14 de julio de 2011

Un rugido salió de sus entrañas, era el sonido tan monstruoso. La reina desojada se erigía en la boca de la Tierra. Manos abiertas, brazos extendidos movía el viento en espirales. Lanzaba ráfagas de piedra . Su cabello roto, trenzado, nudo. Sus invencibles piernas, sangre seca. Su piel ajada. Recién había dado a luz otra serpiente. Aves carroñeras de todo el continente con agudísimos cantos celebraban la noticia. Unas volaron en desorden aparente, otras chocaban entre sí y hasta caían muertas sobre el suelo. El Mar testigo preparaba una ola.