16 de noviembre de 2011

Abigael Bohórquez y el invierno te traen a casa. Contigo vienen también otras creaturas de arena. Se animan aquella habitación y un cuarto de madera próximo a las vías del tren, cada una en ciudades que sobreviven como leyendas. Más que habitaciones, recuerdo el humo. Pienso en tu corazón buboso, eternamente tibio, dentado y tuerto: de rarísima belleza.

¿Cómo es que de un lugar tan iluminado como el desierto puede surgir una voz llena de melancolía? ¿A caso la ausencia, la distancia necesaria entre uno y otro que resulta del calor? ¿Del no saber cómo estar cerca cuando el frio es breve y agudo? Hasta la cercanía del sexo es fugitiva, insoportable si se prolonga a esas altas temperaturas.

¿Qué es la intimidad?