30 de noviembre de 2011

Estoy cansada de responder " bien" a la pregunta “¿cómo estás?”. Estoy encabronadísima. Estoy metida en muchos líos, de dinero, de trámites, de asuntos irresueltos: tengo cosas atoradas que amenazan con destruir mi cuerpo y estoy harta. Odio a los bancos y sus mortales tasas de interés, ¿cómo es posible que trabaje todo el día y la mitad de la noche durante tantos meses, les deposite la mitad de mi sueldo y me sigan jodiendo?

¿Soy alarmista porque afirmo que el sistema financiero no me permite tener estabilidad económica? ¿por pensar que esto que hace ese sistema financiero es terrorismo económico al golpearnos tan duro cotidianamente? Quiero salir de vacaciones, descansar. En un mundo de relaciones fundamentadas en el valor del dinero, paralizar, desposeer y empobrecer a la clase media es una apuesta cruel.

¿Y quiénes estamos en la clase media? Ah!, pues nosotros. Nosotros que manejamos estos lenguajes y comprendemos las atrocidades que estos maleantes cometen. Nosotros que fuimos a la universidad. Nosotros a media vida que representamos el no sé cuanto por ciento de la población en México, que somos votantes en potencia y sobre quienes caerán todas las calamidades de un proyecto de pensiones y retiro que de no modificarlo condena nuestra vejez a la pura tristeza.
 
El futuro cambió, se fue llenando de seres temerosos, golpeados, ninguneados. El atraco sistemático al futuro incluye la desarticulación de los códigos que nos permiten ser humanos. Este futuro imaginado puede ser otro, de eso estoy segura, y para eso es precisa la imaginación y la memoria.

Doy recetas con frecuencia, porque veo cosas. Soy una hechicera voladora, una diosa de la tierra. Pero hoy, hoy justo: estoy emputada, si ser puta significa enfrentarse a la vida con todo y con lo único que queda. Estoy cansada de leer noticias sobre luchadores sociales desaparecidos o asesinados, de huérfanos, de asesinos a sueldo convocados como si fuera premio venir a masacrarnos. Sobre todo, de darme cuenta lo difícil que es sentir amor, vivir un enamoramiento con libertad plena: Tengo derecho, tengo derecho. El amor en tiempos de la dictadura es inasible. Salvaguarda tu integridad es más que una declaración una advertencia.
Me han preguntado si estoy enamorada y  no alcanzo a responder. Lo que siento es un miedo espantoso y pienso en crecer la barda de mi casa, en poner alambre de púas, en mis gatos, en mis plantas, en vivir completamente cada día todos los días y a veces antes de dormirme pienso: hoy la libre .

Tengo muchos pendientes y relojes locos, en ese caos he aprendido a sentir una paz invisible, una comunión con el universo: en mi  sustancia, que no sé de qué otra forma nombrar, más que sustancia, que es agua, que es lo que fluye y cicla entre la tierra, el mar y el cielo. He sido coherente, me soy fiel.

Mi lista de cosas es una lista de cosas. Estoy en un punto de la concentración suprema, si usted sabe lo que la concentración en un grado universal significa. En contraste, creí que tener una piel bonita, el cabello largo y un cuerpo ejercitado complementarían mi felicidad, y sí sí experimento inusitado narcicismo. Soy una llama. Lo que se me da junto con el llanto son los incendios: quemo casas.