15 de febrero de 2012




El sábado muy temprano vi aproximarse una nave disfrazada de nube. La Antena salió  muy contenta a juguetear con el Sol(o), el pinchi gato güero que se instaló en el patio desde hace un par de semanas. Los vi subirse al techo y voltear al cielo. 

La Antena y El Flechito son pararayos, lo han sido. El Sol(o) custodia el patio como si fuera suyo, aleja a los gatotes que rondan por aquí. Como sucede con todas las mascotas, primero cae sobre ellos la enfermedad o la maldad circundante, ellos ven antes que nuestros ojos lo invisible y lo maravilloso. Ella tiene ese gran poder, lo supe desde el dia que me la entregaron. De las orejas le salen unos pelos largos largos y toda ella es una gran pelumbre. Nuestras conversaciones han estado llenas de gratitud y sabiduría. Es en apariencia tranquila, sé que ha sido la  iniciadora de todas las travesuras de mis gatos.

Distante también en apariencia, curiosísima. Por eso sé que fue ella quien tuvo la ocurrencia de subirse a la nave que vino desde el Tlalocan. Lo sé porque apenas hoy dejó de llover. El Flechito está cariñoso como nunca, se asoma por la ventana y no quiere salir.

Por aquí pasó una como tormenta y ella en calidad de compañera de bruja fue quien detuvo los rayos. Se montó en una de esas luces transitorias. Destino. Viajaba ella o viajaba yo, se lanzó La Antena. Desde Allá, conecte multiversal. Así lo entiendo. Así es. Aquí la bruja, la mujer cuervo.

Jaguar (es) somos.