25 de julio de 2012

Me sorprende descubrir que el coraje logra transformar a una persona cuando reflexiona sobre él y se responsabiliza de él. Me sorprende cómo el coraje me ha afectado. El coraje sirve para poner límites cuando se lleva a la consciencia, sirve para existir, para definir objetivos, para alcanzar el equilibrio y la paz.

Me preguntaba de dónde salió tanto coraje y fuerza. Concluyo hasta el momento que es injusto que otros sean felices acosta de mi felicidad y que otros disfruten las cosas a partir de mi trabajo, de mi tiempo, de mi desvelo. He reconocido en muchas personas esta inconformidad y me identifico con muchas de ellas en su empeño por dejar de sentir coraje y sentir paz. Por eso lucho. Y sí la meditación es necesaria, pero también lo es forjar la solidaridad con los otros y eso se hace estando juntos no nomás amontonados.

"La paz y la tranquilidad son resultado de la justicia". La justicia es lograda cuando se reconoce la existencia del otro, de sus necesidades, de sus contribuciones. Cuando se argumenta, se busca construir un acuerdo ante un desacuerdo, se escucha, se replica, pone uno de su parte y se procura el reconocimiento mutuo.

Lo que es afuera es adentro y lo que es adentro es afuera. Así, las contradicciones de la macropolítica son también las contradicciones de la micropolítica. Entonces, observo la necesidad de transformar lo que tengo más en corto, lo que sucede en lo cotidiano, lo que está aquí. Es complicado y a veces no sé cómo hacerlo.

Estos días escucho, con mucha atención y respeto. Muchas personas hablan y hablan, no escuchan, no les interesa escuchar o no saben cómo hacerlo, no comprenden para qué sirve escuchar. Nos cuesta construir acuerdos porque es posible que estemos educados para seguir indicaciones, para guardar silencio, para existir sin molestar demasiado, y para pensar que alguien, como dios o algún otro salvador o salvadora, va a venir a defendernos.

Hoy participé en una conversación y dije que yo no quería salvar a nadie, que estaba luchando por mí y por mis derechos al trabajo digno y bien remunerado, a la tranquilidad, al amor, a sentir confianza, a disponer de servicios de salud dignos y a la felicidad. Y no creo en los héroes, ni comparto la palabra pueblo, me reconozco más en la palabra ciudadanía, dije. Mi punto de vista generó confusión y disgusto, no fue bien visto o calificado.

Soy una persona egoísta. Y una mujer que piensa mucho, que no se queda callada.