30 de julio de 2012

Veo a mi madre cada vez más feliz. A sus 67 años dice lo que piensa por primera vez y ha dejado de buscar la aprobación del mundo para hacer lo que le viene en gana. El viejo se murió hace como 15 años y ella apenas ha empezado a sentirse libre. Nunca está en casa y hará cosa de tres meses experimentó lo que es quedarse en una fiesta con sus amigas hasta la madrugada. Hace un año inició clases de yoga y este es su tercer verano en la natación. Aun no flota y le teme a la soledad o a la libertad cuando llega a media alberca. Dice que se sostiene fuerte de la tabla y piensa que una orilla está muy atrás y la otra muy lejos. El miércoles entró en pánico y el instructor tuvo que lanzarse a sacarla porque soltó la tabla. La alberca tiene un metro de profundidad, pero ella no lo recordó en ese momento y tragó mucha agua. Apesar de eso volvió al siguiente día. Hoy vino a mi casa junto con una de mis hermanas. Revisó mis muebles, se puso muy contenta cuando vió que por fin compré una estufa. Después nos fuimos a la playa y hablamos por muchas horas. Nunca había visto a mi madre tan entera, tan ella, tan bonita.