24 de enero de 2013

Informarse/Formarse/Desinformarse


Desconectarse del tiempo de las televisoras, de ese vértigo noticioso. Informarse/formarse. Esa extraña dependencia a los medios, a su tiempo, al tiempo impuesto. Existe un tiempo-mundo construido a través de las noticias que influye sobre nuestra percepción de la realidad, que configuran un modo de ver y vivir. Hacer un alto para observarlo y tomar conciencia, apostarle a la reflexión y a la crítica para priorizar y decidir qué consumo y cuándo. ¡Parece imposible desprenderse de la pantalla!

Circula demasiada información: las jornadas diarias son insuficientes para satisfacer las expectativas de consumo informativo o de consumo mediático. ¿Cuántos cuerpos necesitamos para mantenernos al día? ¿para consumir el mínimo que nos mantenga informados? ¿Qué relación guardan el nivel educativo, la clase social, la actividad productiva, las redes sociales y el tiempo de ocio con la capacidad de consumo informativo de una persona? ¿Para qué lo usa?

El mundo que conocemos a través de la pantalla se parece al mundo cotidiano, pero es finalmente una imagen. ¿Somos esa imagen? ¿Es nuestro su juicio? ¿De qué manera esa imagen mental del mundo comunicado a través de las pantallas de televisión y de Internet opera sobre nuestras decisiones cotidianas? ¿Es necesario establecer un límite a esa imagen, reconocerla como imagen?

Existe un punto de referencia en la información mediática sobre la cartografía del mundo de las imágenes necesario para comprender las características y el por qué de lo cotidiano, pero no comprenden todas las realidades sobre las que nos desplazamos. Sin embargo el mundo de la experiencia cotidiana es inestable, las personas siguen patrones e innovan simultáneamente todos los días, y estas realidades cotidianas (también inmediatas como las imágenes que producen los medios) son inaprensibles por completo.

La sola imagen del mundo comunicado a través de las pantallas es insuficiente para tomar decisiones a corto, mediano y largo plazo en la vida diaria, en el día a día tienen lugar otras preocupaciones, otras necesidades, otros quehaceres y una infinidad de emociones. Conocemos el mundo por pedacitos y sobre esos microfractales elaboramos historias y planeamos, sobre esa “realidad” nos relacionamos y vivimos.

¿Qué es la libertad?

¿Qué libertad es posible en este siglo frente a los medios de comunicación?

¿Qué distancia existe entre el mundo imaginado y vivido de los consumidores informativos y los no consumidores informativos? ¿En qué radica la legitimidad del mundo de unos y otros? ¿Cómo le hacemos para comunicarnos?

¿Cómo construímos juntos qué libertad?