16 de febrero de 2014

Anoche sólo queríamos ver el mundo desde las gradas. Nos sorprendieron un puñado de músicos locos y un contorsionista.

(Abajo, él. Bailaba como nadie. Abría la garganta y revolucionaba su plasticidad. Era otro, uno que no era yo y era yo. Volaba. Sí, el cuerpo se ilumina en esas frecuencias.  Espectacular baila solo y no baila solo. Otro responde al mensaje, aunque permanezca en su silla. En el escenario nace y al bajar... Desaparece. Busca de reojo un contacto y alguien lo mira... siempre. Cuando ser nadie es insoportable, un guiño: esa pequeña y excitante dosis en respuesta. Un constante estado de locura acompaña la energía de una naturaleza artística).