20 de febrero de 2014

La estructura de esta historia es complicada. Todas sus versiones inician por el final, aunque el principio es bastante claro. En ella hay varios personajes,  algunos muertos y ninguna bala. 

Es una comedia. Ocasionalmente de humor negro.

Y digo que la historia que no escribo, pero escribo, es una comedia, finalmente. Eso lo puedo comprender ahora que tengo delante de mí el final. Pero, el final es abierto. Creo que en realidad empezó otra historia y apenas me doy cuenta. En ésta, los personajes han dejado de luchar contra sus miedos y ahora enfrentan sus deseos.

Sí, de eso se trata, de deseo. Yo deseo, tú deseas, él desea. Nosotros deseamos y nos deseamos. Yo me amo. Tú te amas. Tú me amas. Nosotros amamos y nos amamos. (Fase oral). Al menos ya lo tenemos claro, yo lo tengo claro, y por eso es una historia distinta a la del miedo, donde todo estaba oculto y en la sombra. El problema había sido aprender a dar y recibir. Esta vez los personajes han aprendido a reconocer sus propios deseos y aquéllos de los otros, quieren dar y recibir. Es un deseadero que produce movimiento y hasta felicidad (energía vital).

El conflicto es resolver la manera de conquistar el deseo, de traerlo aquí; es decir, bajarlo de la nube de la imaginación, conducirlo hasta rebasar el instinto y sacarlo de la mente-corazón, del impulso. Lo distinto otro, esta vez, es que los personajes han sanado y todo es posible desde la libertad. Este es el segundo momento del conflicto, ése que nos muestra completos, la prueba de amor verdaderamente profunda: que tienen que aprender a Ser desde la libertad y la salud. Eso es contracultural en este momento de contextos esclavizantes. Pueden entonces equivocarse y eso es lo fascinante, el surfeo y la apertura a lo impredecible.


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Hoy le dije a mis alumnos que la práctica consistía en escribir su propia historia, que era una invitación a convertirse en los autores de su vida. Sus ojos revelaban sorpresa, una sorpresa que los llenaba de un poder desconocido. Hubo sonrisas y algunas lágrimas contenidas ante el presente. Hicieron muchas preguntas relacionadas con la escritura y la estructura posible. En algunos descubrí un temor muy grande, en otros resistencia. Estos últimos cuestionaron la pertinencia del proyecto, los más estaba felices, esperanzados, maravillados. La trama que debía llevar su texto narrativo era su preocupación central; entonces, hablamos del orden y del lenguaje, del cuerpo y del contexto, del movimiento y del tiempo, del  s o n i d o y de la voz.

Para escribir, les dije, lo primero es respirar. Mientras respiremos todo es posible, después ya no. Al menos no aquí. Después hay que aprender a poner en orden las palabras que gravitan dentro de nosotros, en el cuerpo de la experiencia que somos. (La palabra es cuerpo, tiempo, experiencia: es vivencia y emoción). Pero, advertí, como estamos deshabituados a llegar al mar profundo de nuestra consciencia utilizamos, en este caso, recursos metodológicos de las ciencias sociales y de las técnicas de investigación. Así es, los acompaño en el proceso de investigación de sus propias vidas. 


Diría que estamos próximos al sincretismo: a lo simbólico experienciado y significado. (Freno de mano. Lo propio sería una invitación a nombrar lo invisible). Nunca imaginé lo mucho que la literatura haría por mí en el salón de clases. Soy otra persona. La asumo. Por eso digo que el momento que esperaba tanto es éste. Llegué. Estoy sin pretextos. Ha sido intenso esto de la transformación. La literatura y el proceso de escritura han sido hermosos y sutiles aliados.