24 de agosto de 2014

He estado huyendo toda la vida, de mí misma. Estoy cansada de sobrevivir, ¡quiero ser libre! Dijo Ella, a sus 50 años. Yo, que estaba sentada delante suyo, empecé a llorar, a llorar un sentimiento agrio. Mi cara se puso muy roja y mi cuerpo caliente. Mi estómago era una cueva sin final del que escapaba el alarido grave de un animal atado que percibe la presencia de alguien que se asoma.