24 de octubre de 2013

Cada vez que ella desaparece una historia laberíntica fluye de nuestras imaginación y de nuestros labios. Tomar el teléfono, revisar si faltan ropa, zapatos y maletas. Todavía me emocionan sus actos de magia y su maestría para volverse de humo. Luego aparece, como siempre, con una gran sonrisa y un espejote. Nadie la iguala ante los reflectores, es un hermoso flamingo color de rosa en medio de una charca. Me ha enseñado a respetar los procesos ajenos, conoce un montón de trucos.

Anoche dormí profundamente. El montaje va muy bien, tuvimos una visita sorpresa y cálida. Siempre agradezco un fuerte abrazo, la honestidad del cuerpo, el silencio de la solidaridad espontánea, la bondad. Hay personas capaces del cariño sólo por que sí todavía, en esta frecuencia que transito recién me he encontrado ya con varias; son de pocas palabras y mirada atenta, amorosas naturalmente. Me gusta este cambio.

Hace pocas semanas me aguanté las ganas de patearle el culo a cierta gente, eso fue lo que pasó con mi ojo, de contener tantas emociones se me reventaron varias venitas y era aquello un sangrerío ocular. Me salieron caros el especialista y el tratamiento. Después entendí qué había pasado y pensé: qué tontería, ya estuvo, y empecé a ver con mucha claridad. En cuanto abrí la boca para decir "hasta aquí", escuché el crack de las cosas dentro de mí acomodándose en un lugar que nunca habían ocupado. Ya puedo reírme de ésto, pero también descubrí mi inflexibilidad bajo ciertas condiciones y que algunas veces soy una ola destruye costas, y me gusta saberlo.

Por eso dije lo que dije ayer, en paz total: tengo nuevos planes, te amo, ya no quiero involucrarme. Va a aparecer, como siempre, y sí, volvió y me tranquiliza verla de regreso, claro.



[Dejar ir la carga, mantener la columna alineada, el pecho abierto, las plantas de los pies bien estiradas sobre la tierra y respirar en cuatro tiempos: des pa ci to, soltar largo.]