13 de marzo de 2014

Desde aquí observo el colapso de las instituciones que alguna vez fuimos. 

Eso que constituía la idea de nosotros evanece.

Es demasiado intenso, indigerible a este ritmo.


¿Tengo que soltarme de mí para continuar?

¿Esperan de mí algo que está por fragmentarme, desplazarme... expandirme?

¿Por qué?


(Ser razonable significa que fundamento mis creencias en la idea de que nuestras prácticas están organizadas a través de instituciones y que son a partir de discursos, de una semántica legitimizada. Que actúo desde tal orden, desde esa lógica encarnada).

¿Soy un objeto o un sujeto?

Algunas cosas están transformándose profundamente.


Soy una muerte que nace emocionada, 

sangre que baña una musculatura en resistencia.


En ese punto perfecto que demarca el límite de dos mundos-tiempos

el corazón aparece primitivo y desnudo, humano,

por instinto y don, afecto a la sobrevivencia.