26 de febrero de 2013

Se necesitan el amor y la fe de muchos para animar una comunidad tan fragmentada, desconfiada, apegada al miedo. Está cabrón andar buscando enemigos nuevos. Alguien me habló hoy sobre la adicción a la guerra o al dolor, sobre la devoción al padre y a la  protección del padre. Nel.

Me sorprende la complejidad implicada en el perdón y todas sus etapas. Entre la paz y el perdón, en la comunidad, en la vida personal, existe un vínculo muy difícil de asimilar. ¿Cómo transitar del odio, el resentimiento, la descalificación, la falta de confianza, el deseo de venganza hacia un camino de paz, justicia y comunidad?

El camino hacia la paz está lleno de sombras, a cada paso se descubren pequeños o terribles monstruos. Algunas veces el lenguaje de los hilos invisibles que nos unen se torna violento, a pesar de la cordialidad de las palabras esta parte del cuerpo entre la garganta y el estómago recibe el mensaje, la herida, sí, probablemente involuntaria.

¿Cómo sanar nuestros duelos colectivos?