26 de abril de 2012

Llegué a la Comer, fui a la sección de revistas y tomé La Tempestad, "Exceso de presente. Crítica de lo contemporáneo", que es el título del número reciente. La "ojié" y la puse en el carrito. A un lado estaba la edición especial de la revista Proceso dedicada a "Los Zetas", también revisé el contenido. Asqueada decidí regresar ambas al revistero.

Ya en la caja escuché la discusión entre una mamá y su hija. La hija solicitaba caridulce que le comprase unas cajitas de no sé qué para ella y sus amigos. La mujer le respondió que: multiplicara, 10 por 50, que si no sabía eran 500 pesos. Que si dejaba la leche, la carne, las verduras o qué dejaba; que en realidad para darle gusto tendría que dejar todo el mandado y llevarse las chingadas cajitas. Y remató: "¿De dónde quieres que saque dinero para tus antojos?".

Enfrente, un hombre deatiro cansado llevaba una bolita de queso y otra de carne, un paquete de tortillas de harina y un puñito de chiles. Del pantalón sacó un montón de monedas y pagó la cuenta. Luego, le dió un peso al viejo que le hechó el mandado en las bolsas.

En el número especial del Proceso aparece un mapa de México donde marcan las zonas de control de los Zetas, sus territorios: medio país. Hay muchas fotos del Ejército, muchos cuerpos desnudos, varias cabezas, letreros sobre las paredes escritos con sangre. Me pregunté si un día la sociedad bajacaliforniana defendería a los cárteles de Sinaloa y a los Arellano con tal de que no tomen la plaza los "zetas", lo pensé porque alguna vez escuché semejante cosa en una discusión de sobremesa.

Decidí no quedarme al ambigú del Cecut ni asistir a la inauguración de arte en el IMAC. Demasiada crema para mí en este momento. Pienso en el "Princess  Party" que organiza una de mis alumnas; en el tiempo invertido en cada uno de los estudiantes; en el recorte de personal y la suspención de compensaciones económicas que acaba de iniciar en mi trabajo; en el montón de trámites que tengo que hacer diariamente para cualquier cosa. Pienso sobre todo en las elecciones; en los comentarios y pegostes que leo en Facebook. Y me pregunto...