2 de octubre de 2012



A medio día desapareció el mar.
La tierra y todo era color sepia,
excepto unas ramas que brillaban de rojas.

Los espíritus marinos cabalgaban en la brisa a velocidad de pulpo,
en lenguas que no recuerdo algo decían.

Sí, algo. No sé qué.

Los niños jugaban a la pelota en el patio de abajo.
Se perseguían unos a otros como hormigas.