9 de octubre de 2012

Una mujer caminaba en medio de los autos. Enfrentaba la avenida en dirección contraria vestida de color rosa: pantunflas, bata, pantalón, camiseta. De cabello suelto estilaba el agua; de sus ojos no, esos perseguían un horizonte infinito.

Los conductores le abrían paso. Nadie se interrumpió su marcha. Nadie bajó de su auto. Nadie pitaba. Nadie. Silencio. Un cortejo fúnebre involuntario.

Es una loca. Ella, la loca: ella, esa otra. Una ciudad de reinos perdidos.